La preparación emocional de los equipos de respuesta ante emergencias pasa por la gestión de la conversación y la elaboración de simulacros

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06 Febrero, 2017

La realización de simulacros no programados se convierte en la aproximación más cercana a una emergencia real. (Fuente: andaluciainformacion.es / España)

Para brindar correcta respuesta ante la presencia de emergencias, las empresas mineras invierten dinero y tiempo para capacitar a los profesionales del equipo de respuesta ante las emergencias. Los esfuerzos van orientados a mejorar el manejo de sus emociones y sentimientos para que puedan desarrollar su trabajo de la mejor manera.

“El brindar asistencia y apoyo en los momentos inmediatos o posteriores a una emergencia, puede ser una experiencia profesional y personal enriquecedora, pero también llega a convertirse en una labor física y emocionalmente agotadora. Para desarrollar esta acción de forma adecuada es necesario tener un correcto manejo de las emociones. La mala gestión de éstas se convierten en una vulnerabilidad, consume las energías y disminuyen la capacidad de atención y respuesta de los trabajadores que están a cargo de esta responsabilidad”, declara el especialista de la Cámara Minera del Perú, Artidoro Cáceres Le Breton.

Los miembros integrantes de un organismo de primera intervención ante emergencias deben estar preparados para trabajar constantemente en situaciones altamente traumáticas – que no se pueden eliminar – y solo les queda como recurso disminuir su vulnerabilidad psicológica ante este tipo de eventos. Durante la respuesta ante una urgencia, es fácil concentrarse en el dolor y sufrimiento de los afectados y dejar de lado el cuidado físico y mental de uno mismo. Lo recomendable es permanecer alerta a las señales de estrés y alteraciones emocionales que se puedan experimentar.

Uno de los desafíos más importantes que enfrentan los socorristas lo constituye la enseñanza del control de la conducta en situaciones de emergencia. Las opciones utilizadas para dichos efectos son la divulgación de información y la asistencia a charlas. Estas son buenas prácticas, pero perfectibles y en los últimos tiempos se han desarrollado nuevos conocimientos que permiten ser más eficientes ante situaciones de peligro. Para mejorar el tipo de respuesta se deben establecer grupos de reflexión, supervisión y capacitación, todo con la finalidad de favorecer el desarrollo de recursos individuales y grupales para lidiar con los efectos psicológicos propios de tareas productoras de alto stress.

 Aprendiendo y enseñando a conversar también se logra mejorar el desempeño emocional del grupo de respuesta ante emergencias. Hablar es una herramienta básica y para hacerlo de forma correcta se debe aprender a manejar las conversaciones difíciles y, el hacer referencia a las emociones y los desempeños forma parte de este grupo. En una conversación complicada se toman en cuenta tres charlas, la del ¿qué pasó?, la cual toma en cuenta tres variables: la presunción de la verdad, la invención de la intención y el marco de la culpa. La segunda es la conversación de los sentimientos, que implica emociones. En este diálogo lo importante es la forma cómo se manejen los sentimientos fuertes y llegar a comprenderlos.

Por último está la conversación de la identidad, que es la que se mantiene con uno mismo sobre el significado de la situación. En este sentido se produce una discusión interior sobre si somos competentes o no, buenas o malas personas, dignas de afecto o desagradables. El manejo de estas conversaciones es importante cuando se hace frente a una situación crítica y cuanto más claro se tenga el nivel de conversación en el que se está, mejor será el desempeño en el trabajo, se producirán menos malentendidos y la labor en grupo será más cohesionado. De esta forma se puede señalar que enseñar a conversar, sobre todo temas difíciles es un paso importante para lograr que el grupo de emergencia maneje sus emociones.

Un aspecto a tener en cuenta es que la conformación de los equipos de rescate o de respuesta es heterogénea, tanto en el sexo como en los rangos de edades. Por lo tanto es necesario conocer las diferencias de los comportamientos en este sentido. Ante una emergencia, en el rescatista se activa todo el cerebro, siendo predominante la corteza frontal que, entre otras funciones tiene la de inhibir las emociones que podrían afectar su desempeño. En el momento de enfrentar un peligro, el organismo pasa de un estado de indiferencia a otro de máxima alerta, experimentando diversos cambios fisiológicos que traen como consecuencia cambios en lo psicológico.

En cuanto a la instrucción, esta debe ser en un primer momento teórica, mediante charlas de seguridad e información sobre el uso de elementos, lo cual hace funcionar el hemisferio izquierdo. Como la teoría no es suficiente, se desarrolla el simulacro con aviso y posteriormente, otro no programado. Este es el más importante, ya que es la aproximación más cercana a una emergencia real, al contar con la inclusión de actores, que representan roles de heridos, muertos o histéricos. Toda esta situación sirve para hacer funcionar el hemisferio derecho. De esta forma se estimula a la totalidad del cerebro para que se habitúe a responder ante una emergencia.

Para dar una mejor respuesta ante la aparición de cualquier eventualidad, las empresas del sector minero optan por establecer estrategias o programas como los denominados planes de respuesta ante emergencias. Por ejemplo, la empresa minera Gold Fields La Cima S.A. elaboró el 2014 su Plan de Respuesta Ante Emergencias, el cual, además de establecer la conformación de las brigadas de rescate y los objetivos, indica que en el apartado de la capacitación, esta irá dirigida a todos los trabajadores en general y a la brigada de emergencia en particular. El documento estableció que ese grupo reciba formación para afrontar situaciones con manejo de materiales peligrosos, combate de incendios, rescate con cuerdas, en espacios confinados, en vehículos y en pozas de relaves. Además, entrenamiento ante urgencias médicas y adecuación física.

Como complemento a esta formación se realizaron los simulacros previstos para medir la calidad de respuesta de los involucrados. Del mismo modo quedó establecido la realización de la Prueba del Sistema de Alarmas Sonoras cuatro veces al año con el fin de capacitar y evaluar la respuesta de todos los trabajadores. Un aspecto a resaltar es que también se programaron simulacros para las empresas contratistas y transportistas.

Finalmente otro caso es el de la minera Yanaquihua, que como ente responsable de sus Operaciones Minero-Metalúrgicas en el Perú, diseña y aplica Sistemas de Gestión de Seguridad y Salud en el Trabajo, con la finalidad de dar respuesta oportuna y eficaz a las emergencias que puedan afectar a sus trabajadores y su área de influencia, preservando su buena imagen y garantizar así, una producción segura y con calidad. Con las medidas establecidas en su Plan de Contingencias busca reducir la presencia de emergencias, así como los riesgos de accidentes, pérdida de vidas humanas y bienes materiales por ocurrencia de incendios, sismos y derrames de productos químicos. En el caso de esto último, además de proteger la vida humana, se busca preservar la propiedad o centro poblado que sea amenazado.